El Rosario y el Año de la Fe

Quizá alguno piensa que el santo rosario no tiene mucho que ver con el Año de la Fe. Quizá se piensa que el Año de la Fe es sobre todo para profundizar contenidos doctrinales, especialmente los Documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.

Sin duda, que ese debe ser el objetivo prioritario del Año de la Fe, como lo ha indicado varias veces nuestro querido y sabio papa actual. Si se diera eso y si se diera no sólo a nivel intelectual, sino también tocando el corazón de cada católico e impregnando su vida, sin duda que nos podríamos dar por muy contentos de haber obtenido esos resultados.

Pero, para lograr esos resultados no sólo que no los podemos obtener sin mucha oración, sino que el mismo rosario es un modo de conocimiento de los principales misterios de Cristo, María y la Iglesia misma. Como bien sabemos, el rosario no es mera oración vocal, todo lo contrario, es principalmente oración contemplativa. Hemos llegado al punto central por el cual la práctica del santo rosario es excelente para este año de la fe.

El rosario nos hace llegar al corazón mismo de los misterios de nuestra fe católica: nos hace pensar en ellos, nos los hace cercanos, nos los hace de casa. Por ejemplo, un misterio tan hermoso de contemplar y de degustar una y mil veces, como es el nacimiento de nuestro Salvador en Belén, si no rezáramos el santo rosario, solamente lo contemplaríamos para el tiempo de adviento-navidad y lo celebraríamos solemnemente sólo el 25 de diciembre; en cambio, para quién reza diariamente el santo rosario, este bello misterio, lo pensamos, celebramos, “degustamos” todos los días lunes y sábados de cada semana.

Es por esto que rezar el rosario, como ya enseñaba el santo papa Paulo VI en “Marialis Cultus”, no debe enseñarse ante todo como una obligación, por el contrario, el fiel debe sentirse libremente invitado a rezarlo (propiamente “celebrarlo”) por su intrínseca belleza; porque es una verdadera pérdida no “celebrarlo” diariamente, aunque sea viajando, aunque sea mientras espero...

El amor a María (con la cual lo rezo) y el amor a Cristo, a quién contemplo y a quién en último término “toco” en cada misterio, me debe hacer encontrar el tiempo para esta santa devoción, que tanto bien hace a mi alma.

Sin duda el Año de la Fe es un momento aptísimo para profundizar en el rezo del santo rosario contemplativamente, o si no lo rezo diaria o al menos frecuentemente, es el tiempo más oportuno para introducir esta práctica en mi vida.

Pasados los años nos daremos cuenta de cuánto bien ha traído para mi vida espiritual, religiosa, humana, social y aún de salud física y psicológica, el rezo libre y sereno del rosario cada día. Por esto es que nuestra Madre la Virgen, que tanto nos quiere, es que una y otra vez nos ha pedido el rezo del santo rosario.

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