La resurrección del Señor y la confianza en su anuncio

La resurrección del Hijo de Dios es un elemento central de nuestra fe. Así lo dice san Pablo: “Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía nuestra fe” (1 Co 15,14). Si no creemos en que Jesús venció completamente a la muerte y al pecado toda nuestra fe se desploma. Por eso son tan importantes los pasajes de la resurrección.

Al final del evangelio de san Marcos encontramos un resumen de las apariciones del Resucitado (cf. Mc 16,9-20), y en él podemos ver claramente que Tomás no fue en único en dudar del anuncio de la resurrección del Señor antes de verle físicamente: también dudaron el resto de los discípulos. Éstos no confiaron en la Buena Noticia dada por María Magdalena y los discípulos de Emaús. Por eso Jesús “les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón” (Mc 16,14).

La experiencia es muy importante en la fe. Cuando experimentamos interiormente aquello en lo que creemos, nuestra fe se refuerza, eso lo sabemos bien. Pero mucho más importante que nuestra experiencia es nuestra confianza en aquellos que nos anuncian la Buena Noticia, es decir, en la Escrituras y en la Iglesia. La fe se sostiene sobre la confianza, no sobre la experiencia. No hace falta ver para creer: hace falta confiar.

Y esto es muy importante en nuestro camino espiritual. Éste nos conduce por periodos de gran felicidad en los que nos sentimos llenos del amor de Dios, pero también nos hace pasar por duros momentos de sequedad interior, en los que no sentimos nada dentro de nosotros. En esas difíciles circunstancias sólo nos queda confiar en la Buena Noticia que nos han anunciado.

También es importante comprender aquello en lo que creemos. Ello ayuda a dar sentido a nuestra fe. Pero, ciertamente, no podemos llegar a comprender totalmente la Buena Noticia con nuestra limitada inteligencia. Nos cuesta entender completamente el misterio de la resurrección. Pero Jesús no nos pide que lo comprendamos todo, sino que nos fiemos plenamente de Él.

Aunque la experiencia y la comprensión fortifican nuestra fe, ésta se apoya en la confianza.

“Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29). Dichosos los que mantienen viva su fe en medio de la tiniebla. Dichosos los que siempre confían en las Escrituras y en la Iglesia.

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