¡Amad el Rosario!

Homilía predicada en el convento Santo Tomás de Aquino de Toulouse, el 7 de octubre del 2007


¡Misión imposible, hermanos y hermanas : tengo que hablaros del Rosario en menos de diez minutos!

Y además, ¿Por dónde voy a comenzar?

Un hermano, justo antes de la misa, me ha dicho: « sobretodo, no atribuyas la victoria de anoche a Nuestra Señora del Rosario » (Nota: el sábado día 6 de octubre del 2007, el Equipo de Francia ha derrotado valientemente a los All Blacks en cuartos de final de la Copa del Mundo de Rugby). ¡Entonces me abstengo …y esperaré a que el milagro sea reconocido oficialmente!

Podría hablaros del rosario, de su historia, del afecto a veces tan discreto de nuestra Orden hacia esta oración… pero todo esto ya lo sabéis de memoria puesto que vais, según decís a menudo, a misa «al convento de los Dominicos»… y además la parroquia se llama Nuestra Señora del Rosario.

Sería posible también reunir una colección de retratos de aquellos que han amado tanto a Nuestra Señora y que han difundido su devoción, como por ejemplo el beato Alain de la Roche, San Pío V -asociado a la famosa victoria de Lepanto contra la flota turca, en 1571, gracias a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario-, o también San Louis-Marie Grignion de Montfort, limitándonos a ellos. El Secreto admirable del Santísimo Rosario, lo conocéis bien puesto que forma parte de vuestros libros de cabecera.

Hubiera podido escoger llevaros al Rosario, quiero decir a la Peregrinación del Rosario. La mayoría de vosotros, un poco cansados, acaba de pasar esta semana en Lourdes, al servicio de los peregrinos enfermos y de los sanos. Una semana muy especial durante la cual se realizan encuentros muy a menudo conmovedores, en la que una vida puede abrirse a la misericordia de Dios, bajo la mirada amante de la Virgen María. Porque en definitiva, eso es el Rosario : ir a Jesús por María.

Finalmente, he decidido larzaros una invitación que contiene tres fórmulas :
¡Rezad el Rosario, predicad el Rosario, vivid el Rosario!

¡Rezad el Rosario! A mí no me gusta demasiado oír que el Rosario es la oración de los pobres. El Rosario es más bien la oración de los ricos, de aquellos que han encontrado un Tesoro de aquellos que han comprendido que el conjunto de los misterios meditados abarca toda la historia de la salvación.

¡Rezad el Rosario! Es la oración de los santos. Siempre tengo presente en mi memoria la reacción inmediata de Bernadeta cuando Nuestra señora se le aparece por primera vez : mete la mano en su bolsillo y encuentra su rosario.

¡Rezad el Rosario! Es la oración de la paz en la familia. Es una oración poderosa que toca el corazón de Dios. Tomemos un ejemplo : ¿Habéis constatado, queridos hermanos, que las provincias dominicanas que obtienen más vocaciones son aquellas que son más fieles al rezo del Rosario, recitado en comunidad precisamente ? Pero puede que se trate de una simple coincidencia.

¡Predicad el Rosario! Ha sido confiado a nuestra Orden. Sería una lástima que nos fuera robado por obreros más activos. ¿No os habéis fijado por otra parte que en la última carta sobre el Rosario, la del papa Pablo II, los Dominicos ni siquiera son nombrados ? El Rosario forma parte del tesoro de nuestra Orden… a nosotros nos pertenece hacerlo fructificar. O tal vez ¿hayamos enterrado nuestro talento, porque teníamos miedo?

Predicad el Rosario, no forzosamente con largos discursos, sino sencillamente con la oración constante y amante. ¿Acaso no tenemos todos en nuestra memoria la imagen del Padre Lagrange, fundador de la Escuela Bíblica, que, fielmente, rezaba el Rosario cada día?

¡Predicad el Rosario! … A aquellos que el Señor ponga en vuestro camino. Mirad por ejemplo, el día 16 de agosto pasado, entre dos aviones, estaba recitanto mi oficio, en la zona de tránsito del aeropuerto de Marsella. Una mujer de la limpieza me miraba con insistencia. Se acercó y me preguntó : « ¿Por qué va usted vestido como en el siglo XIII? « Como buen Dominico, empecé la explicación. Y ella me interrumpió : « Pero dígame, ¿Puedo hacerle una pregunta? Para usted, María ¿Qué representa? » Yo miré alrededor si no había una cámara escondida… y le contesté.

¡Vivid el Rosario! Podéis manifestar un apego a un misterio, al que hable más a vuestro corazón, al que recuerde el amor de Dios por vosotros. Es posible que sea el de la Anunciación, maravilloso relato en el que Dios viene a hacer una declaración de amor a la humanidad.

¡Vivid el Rosario ! Cada instante de vuestra vida puede estar unido a un misterio del Rosario. Entre otros tantos ejemplos, si estáis contentos, uníos al Magníficat de María en la Visitación, si estáis tristes y en el sufrimiento, contemplad la Agonía de Jesús en Getsemaní…

¡ Vivid el Rosario ! He aquí un programa que nos permite estar siempre más unidos a Cristo, bajo la mirada de María. Así , tomándolos como ejemplo, terminaremos semejándolos … aunque sólo sea un poco…

Entonces, hermanos y hermanas, ¡Rezad el Rosario, predicad el Rosario, vivid el Rosario!
En una palabra, ¡Amad el Rosario!…porque es una historia de amor, con la Madre del Amor Hermoso. Y oiréis a Dieu que murmura en vuestro corazón, como supo hacerlo tan delicadamente con Nuestra Señora : « Mi más bella historia de amor eres tú ».
Y os prometo que lloraréis.

Si por casualidad os ocurriese eso, no tengáis miedo. Seguid tres consejos :

El consejo de María. Responded con todo vuestro corazón : “soy tu sirvienta, el sirviente del Señor, hágase en mí según tu palabra.”
El consejo de Bernadeta. Tened siempre un rosario en vuestro bolsillo. En caso de emoción fuerte, siempre es útil… y además Satanás detesta esto.
El consejo de Louis-Marie, de fr. Louis-Marie, ¡no de san Louis-Marie! Jamás os creerán. Seguramente se reirán. No tiene ninguna importancia después de todo. Escondeos entonces en el Corazón Inmaculado de María y decidle al Señor : «¡ Señor, mi más bella historia de amor, eres Tú. Sí, Señor, eres Tú !

La última palabra la dejaré para nuestro beato Hyacinthe-Marie Cormier. Se trata de un pasaje de los ejercicios espirituales que había predicado en Roma en 1896. Estas palabras, las hago mías…y os invito a que las hagáis vuestras.

«Te doy gracias ¡oh Dios mío!, por haberme dado, por María, un medio de santificación tan excelente, una cadena amable para guiar mis pasos por la vida activa ; una sombra deliciosa para abrigar mi corazón en la vida contemplativa.
No abandonaré jamás mi tesoro; toda mi vida, al contrario, la utilizaré con fe, ardor, perseverancia. Y, al final de mi vida, cuando ya no pueda consagrarme a las obras exteriores, cuando me sea imposible predicar, enseñar e incluso salmodiar, rezaré todavía el Rosario ; y si ya no puedo hacerlo, al menos lo tendré entre mis manos o delante de mis ojos. El Rosario será, bajo diferentes formas, el alimento perpetuo de mi contemplación, mi recreo de todas mis horas, mi paciencia para sufrir, mi preparación para morir.»

Amén.

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