¡No hay dos sin tres!

Homilía predicada en Córcega el día 15 de agosto del 2007

Hermanos y hermanas, como os lo decía hace un instante, es la tercera vez consecutiva que vengo a celebrar la Asunción con vosotros. El año pasado me atreví a preguntaros lo que había cambiado en vuestra vida espiritual con respecto al año anterior.

Recuerdo que os había sugerido que rezaseis un poco más, que abrierais una Biblia, de vez en cuando, e incluso que fueseis un poco más fieles a la Eucaristía dominical.
Y terminaba –quizás algunos de vosotros lo recuerdan- añadiendo : y no digo, claro está, que no volveré a controlarlo el año que viene …

Entonces, finalmente, me he dicho que así lo haría y preparando esta pequeña escapada corsa, me he preguntado a mi mismo. ¿Qué ha cambiado para ti? Porque , finalmente, si os hago esta pregunta, es lógico que me la ponga a mí mismo… Entonces permitidme que comparta con vosotros dos experiencias recientes que tienen un lazo de unión con Nuestra Señora.

La primera, tuvo lugar hace 10 días, en un santuario mariano que tal vez no conozcáis, el de Chiquinquirá, santuario nacional de Colombia. Nuestra Orden dominicana, como cada tres años, celebraba su capítulo general en ese país y los organizadores habían previsto una jornada en ese santuario.

La acogida fue grandiosa e inolvidable. Varios miles de personas, campesinos pobres, muy pobres, de los alrededores, nos acogieron en esa plaza delante de la gran iglesia donde se venera una representación de la Virgen María. Todos enarbolaban las banderas de todos los países presentes en el Capítulo –más de 70 nacionalidades - y querían saludarnos, desearnos la bienvenida, pedirnos una bendición …Yo, me quedé mucho tiempo, después de la celebración, discutiendo, bendiciendo y escuchando sencillamente.

El espectáculo era bonito, sencillo y reflejo de una realidad. Se veía a la Iglesia, al pueblo de Dios, feliz de celebrar, en la unidad. Como los primeros Apóstoles, estábamos rezando con María, la Madre de Jesús.

La segunda experiencia, tuvo lugar el pasado domingo, en un santuario mariano que conocéis bien puesto que se trata de Lourdes. Había mucha gente : en efecto estamos a mediados de agosto y era el principio de la Peregrinación Nacional. En plena tarde, se meditaba el rosario, animado por un sacerdote que conocéis también muy bien, al menos por su look o más bien por que habla francamente : Guy Gilbert.

Y ¿De qué hablaba Guy Gilbert delante de la Gruta de Massabielle ? Hablaba de María y de la Iglesia.

A propósito de María, dijo su amor por esta mujer única, dijo su fidelidad al rezo del rosario, que, según sus propias palabras, « no es un rezo de beatas ». Lo reza todos los días … sorprendente, ¿no? Invitó a los padres a rezar por María, en familia, a enseñar estas oraciones a los niños que, según los términos que utilizó, son « unos angelitos ».

Con respecto a la Iglesia, lanzó con fuerza, desde la Gruta : ¡« Amad a vuestra Iglesia, amad a vuestro Papa ! » Permitidme que lo cite un poco… y espero ser fiel a lo que dijo. « Algunos critican a la Iglesia. Y ocurre a menudo que eso viene de parte de los mismos Cristianos. Criticad, sí… pero siempre ¡animados por la caridad ! ¡Amad a vuestro Papa! - le cito de nuevo- Tal vez no sea el Papa que yo huviese escogido, pero es el que el Espíritu Santo me ha dado y ha dado a la Iglesia. Entoces ¡Amad a vuestro Papa ! » Y añadió : ¡”Sed catecismos vivos !” Está claro que este Guy Gilbert ¡No ha terminado de asombrarnos !…

¿Cuáles son las lecciones que podemos sacar de estas dos experiencias, relacionándolas con la fiesta que estamos celebrando hoy ?. Hay muchas, pero yo solamente me quedaré con dos.

Amad a María y amad a la Iglesia.

Amad a María. Ella os conducirá al Señor. Ella desaparece delante de Él dándolo al mundo. Aprended de ella su sencillez, su fuerza de espíritu, su belleza.

Amad a la Iglesia, porque ella también os conduce al Señor. Está compuesta de tantos hombres y de mujeres diferentes reunidos en un solo cuerpo. La Iglesia es bella y la Iglesia es joven. Como lo decía Benedicto XVI a los jóvenes de Colonia : “ Qué hermoso es ser cristiano ! “Entonces, ¡ Sed buenos cristianos !”

Amad a María, porque finalmente siempre se termina semejándose a aquellos que se ama y se frecuenta … y María es perfecta. Y es por eso que celebramos su Asunción.

Amad a la Iglesia porque en ella encontramos a los santos. Mirad a los últimos papas que nos ha dado : los bienaventurados Juan XXIII, Juan-Pablo II… Y por piedad, nosotros los Cristianos, no repitamos tontamente lo que dicen los medios de comunicación con respecto al Santo Padre y no digamos cualquier cosa.

¡Amad a María! Ella os protegerá, ahora y en la hora de vuestra muerte.

Amad a la Iglesia, el navío que contiene la plenitud de la Revelación. ¡ Sed los hijos fieles y amantes ! Y ¡ Sed catecismos vivos, sed santos, es vuestra vocación !

Amén.

 

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