17 de enero … ¡Caná – Pontmain – Puerto Príncipe!

Homilía predicada en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Toulouse el 17 de enero 2010



« Había unas bodas en Caná de Galilea. »

Érase una vez, hace muchísimos años y, de vez en cuando, uno se acuerda de estas bodas, como por costumbre suelen hacer las parejas que celebran su aniversario de boda. Cuando él –y no ella,¡Claro está! – no lo ha olvidado.

Y las bodas de Caná se celebran al principio del año, en la luz de la Epifanía, la manifestación, porque en realidad se trata finalmente de una sola y misma revelación. Estos misterios que se iluminan entre si : la visita de los Magos, el bautismo de Cristo y las bodas de Caná.

Y hoy, día 17 de enero, celebramos las bodas de Caná. Es un aniversario de bodas, unas bodas diferentes a las otras. Nuestra pareja no celebra sus bodas de algodón, ni de esmeralda, ni de oro o de platino… no, eso ya hace muchísimo más tiempo. Hay que fijar entonces una fecha arbitraria, en el marco de la liturgia, y así, el esposo no corre el riesgo de olvidar… y eso evitará un drama.

« Había unas bodas en Caná de Galilea. »
Y es la catástrofe…
Faltó el vino y la fiesta arriesgaba en convertirse en un fracaso. Todo se hunde. Pero la madre de Jesús estaba allí. Y ella consigue ¡Todo lo que quiere de su Hijo!… forzando sin duda su mano. ¡Regocigémonos! Lo que pedimos por ella, aunque sea imposible humanamente, ella nos lo conseguirá. Yo lo sé y lo creo. Basta con hacer… todo lo que él diga.

¡Qué bodas en este 17 de enero ! Un 17 de enero, hoy como ayer. Un aniversario… y a nosotros nos gustan los aniversarios.

17 de enero del año 1871

Es la catástrofe…
Francia se hunde bajo la invasión, prusiana. Y en un pueblecito del Bas-Maine, Pontmain, la madre de Jesús estaba allí.

Ella aparece a siete niños para transmitirles un mensaje escrito con letras de oro en una gran banderola blanquísima : « Hijos míos rezad, Dios os escuchará dentro de poco tiempo. Mi Hijo se conmueve. » Luego aparece en sus manos una cruz roja con Jesús ensangrentado. La Virgen María presenta el crucifijo a los niños ; deja de mirar a la asistencia, baja sus ojos para fijarlos llenos de dolor, hacia el Cristo ensangrentado.

Son las bodas de la Cruz. María está allí y presenta la cruz de su Hijo a los niños. Ella nos la presenta. « Pero rezad hijos míos!… »

17 de enero del 2009

Ninguna catástrofe…
Hace justo un año, casi hora por hora, se celebraban otras bodas. Las bodas del Cordero, el santo sacrificio de la misa.

Yo presidía una misa…en la iglesia de las Hermanas de Saint Joseph, en Puerto Príncipe. Una asamblea ferviente, feliz de acoger a un hermano que venía de tan lejos. El hermano Yves-Henri había, al principio de la celebración, presentado al que presidía intimidado con la frase siguiente: « Hoy tengo que daros dos noticias, una buena y otra mala ; la buena, es que un hermano ha llegado de Francia, y la mala, es que se va dentro de unos días… ».

¡Las bodas del Cordero! Estas bodas celebradas en el mundo entero. ¿Os habéis dado cuenta, hermanos y hermanas, que con la diferencia de horarios, a cada instante que Dios nos da, se celebra una misa sobre nuestra tierra?

Y por supuesto, la madre de Jesús está aquí. No lo puedo resistir… Es imposible de todas formas que ella no esté en las bodas en las que no esté presente su Hijo.

17 de enero del 2010

Es la catástrofe…
Todo se hunde. El Horror llena nuestras pantallas, nuestros periódicos y la angustia
se apodera de los supervivientes. Los gritos no cesan, ya se cuentan por miles los muertos. Hay que aceptar la evidencia, la situación es más que dramática. ¡Dan ganas de llorar! A la esperanza de las primeras horas, suceden el desamparo, la angustia y las malas noticias que se amontonan. Para todos nosotros aquí presentes, este drama no es anónimo. Está asociado a unos nombres, a unas caras, a tantas vidas compartidas. Y esto duele mucho.

Son las bodas de la sangre y de las lágrimas.

Y de la angustia y de la tristeza que nos oprimen, se escapa un grito : Pero, ¿Dónde está, la madre de Jesús?
¿Dónde está, la que se invoca bajo el nombre de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la patrona de Haití?
¿Dónde está la que ha salvado a Puerto Príncipe de las epidemias y de los incendios?

¡Pero veamos, hermanos y hermanas, no me digáis que no la habéis visto!

Ella está allí, Mujer, en medio de las otras mujeres que lloran a su hijo.
Ella está de pié, mientras el pueblo de Haití es crucificado por tanta miseria.
Ella está allí, en medio de tantas plegarias.
Ella está allí, esperando contra toda esperanza.

¡Y ella os pide que hagáis lo mismo!
Ella invoca a su Hijo y su Hijo no puede no escuchar.

Entonces no bajemos por favor los brazos.
Pidamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que interceda ante su Hijo para que obtenga la paz para esta tierra tan herida.
Pidámosle que interceda ante su Hijo para que de esta catástrofe nazca una sociedad más justa y más fraterna.
Pidámosle que interceda ante su Hijo para que las lágrimas, derramadas tan abundantemente, sean transformadas en vino de la fiesta.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, socorre a Haití.
Sí, socorre a Haití.

Amen.

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