El Rosario…¡Una plegaria para la Cuaresma!

Ya ha llegado la Cuaresma, estas pocas semanas que nos preparan a la gran celebración de la Resurrección del Señor. Este tiempo durante el cual se nos invita al encuentro del ayuno, la oración y la limosna. Cuarenta días de vigilancia en los que el Señor quiere que seamos vigilantes.

¡El Señor nos invita a que le sigamos hasta el desierto!

En el desierto, no iremos con las manos vacías. Sacaremos nuestro rosario. En efecto es una plegaria que se acomoda muy bien al desierto y a la Cuaresma.

Algunos podrán decir que el Rosario se adapta a la Cuaresma porque se trata de una plegaria … penitencial. Pues ¡Nada de eso! La plegaria del Rosario que tanto gusta a Nuestra Señora es más bien un placer, una alegría… una plegaria que se vive más bien que se recita.

Entonces, ¿Por qué se acomoda tan bien a la Cuaresma, al desierto?

El desierto es un lugar seco. Y muy a menudo es lo que ocurre en nuestra vida espiritual. Entonces, cuando todo está seco, es más fácil recitar las palabras del Rosario, estas palabras que nos son dadas cuando ya no tenemos palabras, que son las palabras de un ángel, de una mujer, ¡Las palabras de Dios!

El desierto es un lugar silencioso. No es lo que suele ocurrir en nuestra alma, prisionera de nuestro mundo en el que hay tanto ruido, tantos parásitos que interrumpen nuestra comunicación con Dios. El Rosario permite que el silencio y la contemplación se establezcan.

El desierto es el lugar del encuentro con Dios. Y como encontrarlo mejor sino en la Escritura que él mismo nos ha dado. Con las meditaciones del Rosario, unidas a los Textos sagrados, podremos ir al desierto y allí, el Señor hablará a nuestro corazón.

¡Os deseo a todos, una santa Cuaresma… con el Rosario!


Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, o.p.

Promotor General del Rosario

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