La Coronación de Nuestra Señora

Iglesia de la Dormición, Jerusalén
El 13 de junio del 2008

 

Esta foto fue tomada en la cripta de la iglesia de la Dormición en Jerusalén. Es un lugar tranquilo en el que se conmemora los últimos momentos de la existencia terrenal de la Virgen María.

Allí, mosaicos recuerdan a las mujeres del Antiguo Testamento que han sido clásicamente consideradas como las precursoras de Nuestra Señora: Eva, Miriam la hermana de Moisés, Rut, Judith, la reina Ester…

Existe otro mosaico, más discreto, que ha servido de modelo para esta estampa actualmente agotada: María es coronada por los ángeles. María reina y nos presenta a Jesús, su hijo.

A primera vista, María ocupa el primer lugar central de esta estampa. Parece que resplandece y que es el punto de mira de la atención.

María es reina. Su cetro lo afirma y está sentada en un trono, en una representación que recuerda la de los emperadores bizantinos. Y los ángeles le colocan una corona. Esta distinción no suprime la presencia de elementos más clásicos de la iconografía: sobre su frente se encuentra una estrella que nos recuerda su virginidad.

María es reina del universo visible e invisible, de los hombres y de los ángeles. ¡Además, el respeto manifestado por estos últimos cuando le colocan su corona habla por sí mismo sobre la dignidad de esta soberana!

Sin embargo, si María es reina, es porque ella participa de la realeza de su hijo que lleva sobre sus rodillas.

Es un hijo despabilado que se presenta a nosotros. Con una mano, sostiene el mundo y, con la otra, nos bendice. Es Él, verdadero hombre y verdadero Dios, quien reina. ¡María se convierte en el Trono de la Sabiduría encarnada!

Su aureola, que es más tupida que la de su madre, nos muestra que su dignidad es mucho más superior. En realidad, el verdadero centro de esta estampa es Él.

Solemos decir que el hijo se parece a su madre. En realidad, el mosaiquista lo ha entendido perfectamente. ¡Si ha dado los mismos ojos o la misma cabellera a ambos, es porque la madre se parece a su hijo!

¡Este parecido también debe de ser el nuestro!

Esta representación nos muestra muy bien cómo debemos considerar a María con respecto a su Hijo. Ella pasa detrás y El está delante.

María no es una madre posesiva. Al contrario, ¡ella nos lo da! Cuanto más nos acercamos a ella, más le encontramos y le vemos a él.

¡Es nuestra reina, la Reina del Santísimo Rosario!

Que interceda por nosotros ante su divino Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte.


Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, o.p.
Promotor General del Rosario

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