La Sagrada Familia… ¡Familia de Santos!

Homilía predicada en el convento Santo Tomás de Aquino de Toulouse, el 30 de diciembre del 2007

Hermanos y hermanas,

La noche es un mundo extraño, poblado de ilusiones y de sueños, de fantasmas y de espíritus… Un mundo que finalmente nos es desconocido, puesto que nos hemos convertido en esclavos del hada electricidad… Es también el mundo de los poetas que escudriñan las estrellas, el mundo de los enamorados. Es en realidad todo un mundo, con sus elementos aprobados o no, de los cuales huímos, y cuya existencia nos parece borrada por nuestro sueño.

Y sin embargo, durante la noche ocurren muchas cosas, cuando todo el mundo duerme, cuando la naturaleza parece retener el aliento… Es en ese preciso momento de la noche que el Hijo de Dios aparece en medio de nosotros, es durante la noche del sepulcro que resucita entre los muertos…

Y por otra parte, en ese dominio, cada uno a su manera… Tiene poca importancia saber como dormís, si vuestro sueño es apacible… o, al contrario, es agitado. Tomemos el ejemplo de Herodes, apostemos que esta semana ha dormido mal; sin duda que está muy nervioso en ese momento... corre el riesgo de ocurrirle una mala pasada. O también es posible que forméis parte de aquellos que les cuesta dormirse fácilmente, de esos que cansados por no encontrar el sueño, encienden la luz para leer un libro, rezar el rosario o ir a dar una vuelta. ¡Hay que ver todo lo que sucede durante la noche!...

Y no creo que el hermano desvelado que se encontraba en esta iglesia esa noche venga a contradecirme. El hermano estaba allí, en la oscuridad, contemplando a los diferentes personajes del nacimiento, en medio de la noche. Y cual no fue su sorpresa al encontrar, delante del nacimiento, a una señora, venida de Dios sabe dónde… ésta había guardado su sombrero y había puesto su paraguas y su cesto cerca de ella y estaba allí, delante del nacimiento. Y hablaba…

Al principio, el hermano pensó que esta señora no estaba sana de juicio, pero escuchando atentamente, se dio cuenta de que no hablaba sola. Cuchicheaba para no despertar al niño y realmente hablaba con alguien. ¡Y una voz muy linda le respondía!

Digámoslo de paso, nadie sino las personas mayores son las que están convencidas que una estatuilla del nacimiento no habla ni se mueve.. Los niños saben ver más allá de las apariencias. Si perdemos esa mirada de la infancia, ¿Cómo podremos entrar en el Reino abierto a los niños y a los que se les parecen?

Volvamos a nuestra señora del sombrero y del paraguas… Finalmente,
estaba inquieta, pero dejémosla que hable :

« Dime, Señora Nuestra, debes estar muy cansada, después de tantas emociones. ¿El frío debe ser horrible, no ? »

Cual no fue la sorpresa del hermano al ver a la figurilla de la Virgen María como se movía … y hablaba !

« - ¡ Es horrible! Pero los animales del nacimiento nos han ayudado muchísimo. Con su aliento han calentado al pequeño, porque en esta iglesia hace mucho frío. Mirad, ¡Qué lindo es el niño! Yo no me canso de mirarle, de contemplarle, ¡Hijo mío, Dios mío, Rey mío! »

Y volviéndose hacia la señora del paraguas, ésta añadió, radiosa: « - ¡Ahora ya somos una pequeña familia! »

El hermano se quedó pasmado. ¡Una pequeña familia! ¡La Sagrada Familia! Allí, estaba presente esta joven mamá risueña, feliz y sonriente. El hermano se disponía a dar gracias a Dios por sus insomnios. La escena era ¡tan sencilla, tan bella y tan frágil! al mismo tiempo. Porque todos sabemos que una familia es frágil. Y no hay una receta milagro, ni camino trazado de antemano. Una familia es algo que se construye poco a poco, con mucho amor y paciencia. Las lecturas que hemos oído hoy nos proponen algunas consignas. No las despreciemos...

Por supuesto, nuestra familia no es la Sagrada Familia, pero debe seguir al modelo. No es la Sagrada Familia pero está llamada a llegar a ser ¡una Familia de Santos!

La señora del paraguas y el hermano insomne lo han comprendido muy bien : ambos se encuentran delante de la Sagrada Familia, ¡Una auténtica maravilla del Amor! Y escuchan, encantados, las palabras de María. Dejémosle la palabra :

« Mirad a este niño, se diría una lámpara, una llamecilla que arde en el corazón de la tinieblas. Las tinieblas no la apagarán jamás. Dios lo ha prometido … Y un poco más lejos, está José, un buen hombre. Está dormido también. Y por la cara que pone, se diría que está teniendo… un sueño, sin duda. Es divertido este José con sus sueños, me hace pensar en ese otro José del Génesis cuyas historias se cuentan durante las veladas de Nazaret… que sin darnos cuenta, hasta nos llevaría a Egipto… »

María sonríe. Luego volviéndose hacia la señora, le dice : « Señora, acérquese, venga un instante para calentarse con la luz de nuestra familia ».

La señora se ha acercado. Ha agarrado de una mano su paraguas y su cesto. Ha tendido la otra mano hacia el Niño para acariciarle cariñosamente su mejilla. En el preciso momento, cuando iba a acariciarle, desapareció, o más bien, se transformó de nuevo en una estatuilla del nacimiento como las demás. Esas estatuillas que miran todas hacia la misma dirección, hacia el Niño Jesús, Luz de las naciones.

El hermano se restregó los ojos. Y vio que no dormía.
¡Hay que ver todo lo que ocurre en la noche, en el convento de los Dominicos!…
Y vosotros , queridos hermanos y hermanas, ¿Qué esperáis para acercaros a la Sagrada Familia?
¿Qué esperáis para llegar a ser una Familia de Santos ?
Amén.

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