La vocación, un misterio de Luz

Homilía predicada en el Convento Santo Tomás de Aquino de Toulouse el día 23 de enero del 2005


¡ Es el domingo de la luz !

Luz que brilla y resplandece en la noche. ¡Esta luz ilumina al pueblo que caminaba en las tinieblas ! Y como un torbellino ¡Engrandece la alegría y exulta de júbilo !

Luz que aureola y rodea al que se acerca a ella. Luz que protege y tranquiliza. El Señor es mi luz y mi salvación,¿A quién puedo temer ?

Luz cálida que acaricia las orillas del lago de Tiberiades y el aire casi se estremece. Jesús, la Luz del mundo, pasa y llama. Y, dejándolo todo, le siguen.

Domingo de la luz.

Domingo de la vocación.

Domingo de las vocaciones.

¿La vocación? Es un misterio.

Pero cuidado, la vocación, no es un misterio oscuro ni extravagante. No es hacer comedia ni sentimentalismo meloso. No se trata de precipitarse a una librería para comprar « La Vocación para los nulos ». Tampoco se trata de encontrar la receta preparada en los viejos escritos cuneiformes, ni esperar que venga el hada madrina y que en un santiamén, con su barita mágica, transforme la calabaza en carroza para transportarnos al baile y finalmente organice nuestra vida. La vocación, es algo serio.

Es un misterio, un misterio de luz, que nos lanza hacia la Ruta de la vida eterna.
Es como un viaje por decirlo así…

Todo viaje tiene un punto de salida. La Vocación empieza con el bautismo.
Dios, que nos regala su vida eterna, tiene su proyecto de amor para nosotros. Nos llama a que le sigamos por un camino de luz. Conocemos la meta y tenemos al compañero, nos falta el camino. El bueno : la respuesta a nuestra vocación.
Entonces vamos a intentar seguir al Señor. Y siguiéndole entramos en las aguas.
1er misterio luminoso : El Bautismo de Cristo.

Si nuestra hoja de ruta, es la respuesta a nuestra vocación, no se trata de engañarse ni de actuar precipitadamente. No se trata tampoco de seguir mi camino, el que me complace sino más bien el camino que el Señor ha trazado para mí. En efecto, las vocaciones son diversas y cada historia personal es única. Si todos los caminos llevan a Roma, no todos conducen al Paraíso. No se escoge una vocación, su vocación, como un programa de televisión que se puede cambiar a la primera ocasión. Como dice el refrán : ¡A camino largo, paso corto! Quien quiere viajar lejos escoge bien su vocación. La vocación compromete a toda la persona para la vida. Supone discernimiento, libertad y elección. Y para decir lo contrario a lo que muy a menudo se oye, la vocación no es el monopolio de los sacerdotes ni de los religiosos.
2° misterio luminoso : las Bodas de Caná.

Existe, claro está, la vida sacerdotal y religiosa, una llamada particular para seguir a Cristo sobre la montaña, para encontrarle especialmente con el fin de entregarlo al mundo,¡Él, que es la claridad del Padre! Vida dada, vida transfigurada por la gracia de Cristo.
4° misterio luminoso : la Transfiguración.

¿Os habéis fijado que hemos pasado alegremente del 2° al 4° misterio luminoso? Entre los dos encontramos la predicación de Jesús. San Pablo lo cita diciendo : Ha sido enviado para anunciar el Evangelio, sin necesidad de recurrir a la sabiduría del lenguaje humano. Este anuncio, fiel a la Iglesia, en la unidad, es la obra de todo cristiano, cualquiera que sea su estado de vida, su grado de instrucción o su origen social.
3er misterio luminoso : el Anuncio del Reino.

Por fin, no se emprende el camino sin haber previsto algunas provisiones. Cristo nos da lo mejor de si mismo : se entrega el mismo. Así, no desfalleceremos durante el camino.
5° misterio luminoso : La Eucaristía.

Nos encontramos pues con los 5 misterios luminosos del Rosario para un misterio de luz.
¿Qué vamos a poder hacer?

En primer lugar, hay que rezar por las vocaciones.

¿Cómo queréis tener sacerdotes si no oráis para tenerlos? Si no rezáis ¿Cómo queréis tener familias cristianas? La oración por las vocaciones, no tiene que hacerse solamente de vez en cuando para quedar bien, hay que hacerla todos los días. Pidamos para que los jóvenes tengan la valentía y la generosidad de darse completamente a Cristo. Recemos para que los matrimonios se comprometan, en la fidelidad y el tiempo, en nuestro mundo donde todo es efímero.

Y luego, hay que animar las vocaciones.
Queridos padres, tomemos algunos ejemplos en las familias típicamente cristianas que se lamentan por la falta de sacerdotes y por los continuos ataques contra la familia.
Vuestro hijo de 7 años que celebra su primera comunión. En el momento del postre, dice : «¡Cuando sea mayor, seré sacerdote! ». Risa general. El resultado es desastroso.
O bien vuestra hija de 20 años, que os habla de su decisión de meterse monja. Lloros y gritos. « ¡En casa del vecino, de acuerdo pero no en nuestra familia! »
O también vuestro hijo que decide no vivir con su novia antes de casarse. Pues sí, sí eso también ocurre. Rechinamientos : « ¡Lo que faltaba, pagar el alquiler de dos pisos…! »
Una vocación, es algo frágil y merece respeto. En eso consiste educar a los hijos, llevarlos más allá de uno mismo, hacia la luz.

En fin, hay que cultivar su vocación.
El « Sí » dado a una vocación no es el punto final. Es la acogida de un don del Señor que estamos llamados a hacer fructificar. Al crepúsculo de nuestra vida, cuando la luz de esta tierra se apague y que conozcamos la Luz Verdadera, el Señor nos preguntará : ¿Qué has hecho de tu vocación? »

La vocación, hermanos y hermanas, es pues el asunto de todo cristiano. No está reservada a un top modelo espiritual, regido por los criterios que serían al fin y al cabo demasiado mundanos.

La vocación, es para tí, hoy.

¡Porque tú lo vales!

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