Los Misterios Gozosos

La Anunciación
 
« El Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David ; y el nombre de la virgen era María » (Luc 1, 26).
La Anunciación: Jesús se encarna. ¡El encuentro del cielo y de la tierra!
Oremos para que nosotros, los cristianos, tengamos sed de este encuentro con nuestro Dios, para que nos dejemos visitar por los ángeles en el silencio de la oración.


La Visitación

« María salió y corrió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá. María entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel » (Luc 1, 39-40).
La Visitación: Jesús es acogido por un niño en el seno de su madre. ¡El encuentro de dos mujeres que llevan a un niño!
Oremos para que nosotros, los cristianos, tengamos sed del encuentro con nuestros hermanos, para que sepamos acoger la vida que viene de Dios con alegría.


El Nacimiento de Jesús

« He aquí que os anuncio un grande gozo, que lo será también para todo el pueblo : y es que hoy os ha nacido un Salvador, que es el Cristo Señor » (Luc 2, 10-11).
El Nacimiento de Jesús: Jesús que nace en Belén. ¡Dios se da al mundo para salvarlo!
Oremos para que nosotros, los cristianos, seamos testigos de esta alegría de la venida de Cristo entre nosotros, él que viene a salvar a todo hombre.


La Presentación de Jesús en el Templo

« Simeón los bendice y dice a María, su madre : « Mira ! este niño ocasionará la caída y la reedificación de un gran número en Israel ; será el punto de mira de la contradicción » (Luc 2,34).
La Presentación: Jesús que entra en el Templo. ¡La Cruz es anunciada en una fiesta de la luz!
Oremos para que nosotros, los cristianos, sepamos obedecer a Dios más bien que a los hombres, siendo signos de contradicción en un mundo que ya no quiere saber nada de Dios.


Jesús hallado en el Templo

« No sabíais que tengo que estar en la casa de mi Padre? » Pero ellos no comprendieron la palabra que acababa de decirles » (Luc 2, 49-50).
Jesús en el Templo: se cuida de las cosas de su Padre y la incomprensión de José y de María.
Oremos para que nosotros, los cristianos, sepamos aceptar no comprender siempre los designios de Dios, que sepamos, cada vez más, estar cerca de nuestro Padre.


Con un mismo espíritu :
Los Misterios Luminosos, Los Misterios Dolorosos y Los Misterios Gloriosos

 

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