¡Dejemos pasar la luz!

Convento San Salvador, Dublín, Irlanda
El 13 de septiembre del 2009



Las tarjetas para la Promoción General del Rosario han sido distribuidas por decenas de miles. Representan, en el frente, una fotografía tomada por fray Louis-Marie Ariño-Durand, OP, y pueden ser utilizadas como una predicación sencilla y evocadora. Todas tienen el mismo respaldo, en las grandes como en las pequeñas: en ellas encontramos, en las tres lenguas oficiales de la Orden dominicana, el eslogan del sitio « Reza, predica, vive… ¡el Rosario! »


Esta foto ha sido tomada en la iglesia del Convento San Salvador de Dublín, al finalizar la celebración de una profesión solemne. Un sol generoso penetra en el edificio y atraviesa los vapores del incienso.

Siempre utilizo esta tarjeta postal para hablar de la virginidad de María. La luz atraviesa la vidriera sin ni siquiera alterarla. Al contrario, le da incluso todo su esplendor. Así ocurre de la misma manera en la concepción virginal de Jesús: la Virgen encuentra en ella todo su esplendor sin que su virginidad sea alterada.

Esta imagen es igualmente una invitación a dejar pasar la luz. Muy a menudo, hacemos obstáculo: en cierto modo, nuestro pecado impide que la luz divina pase. Eso no ocurre con María, la Inmaculada. La luz divina la atraviesa sin ningún obstáculo. Hija de Dios perfecta, refleja la luz de Dios como la luna refleja la del sol.

Esta vidriera es bella. Para verla, hay que estar en el interior del edificio. Desde el exterior la vidriera no tiene brillo.

Así ocurre, a menudo, con la Iglesia. ¡Para verla bella y poder hablar de ella, hay que estar en el interior! La crítica exterior, a veces justa, es fácil...pero es mucho más constructivo tener una palabra interior que sabe ver las sombras y sobre todo subrayar las luces.

Esta imagen finalmente nos muestra la luz cuyos rayos son visibles por los vapores del incienso. En realidad, es una doble invitación.

Por una parte, nos sugiere que cuidemos la belleza de nuestras celebraciones. Somos cristianos con todos nuestros sentidos. ¡El incienso, signo de la oración que sube hacia Dios, es un recuerdo del buen olor de Cristo que debe ser extendido alrededor de nosotros y del cual todos somos testigos!

Por otra parte, en esta foto vemos una cosa que no solemos ver de costumbre: ¡la luz! En efecto, ésta nos permite ver lo que nos rodea. ¡Efectivamente está aquí y sin embargo no la vemos! El incienso es lo que va a revelar los rayos y ofrecerlos a nuestra contemplación.
Lo mismo ocurre con Dios: Está realmente aquí... y sin embargo no lo vemos. ¡Tenemos que ser los reveladores de Dios para aquellos que nos rodean!

¡Dejemos pasar la luz!…
¡Para convertirnos en reveladores de Dios!

Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, o.p.
Promotor General del Rosario

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