La Evangelización a través del Rosario 2/2

DIFICULTADES Y PERSPECTIVAS

A esta profunda evangelización y práctica de la vida cristiana, el mundo moderno presenta múltiples y graves conflictos, con su creciente suma de ruido, contaminación, criminalidad, droga, materialismo, ateismo, blasfemia, pornografía y tensiones sociales de toda índole, que afectan a todos las esferas de la sociedad. En estas condiciones falta el sosiego para el cultivo de los valores del espíritu y de la trascendencia, en suma falta el silencio, el tiempo de diálogo con Dios y con la humanidad, la oración.

Frente a todos estos agentes de destrucción, el Rosario puede ser un baluarte y un antídoto. Con su meditación del Evangelio y su intercesión ante Dios, puede obtener lo que para los hombres en su fragilidad es imposible. Abarcando a todo el hombre y toda su actividad, puede ayudarle a romper la coraza materialista que le asfixia y ordenarse definitivamente a Dios, tornándose de este modo instrumento de una intimidad dialogante con la realidad salvífica del amor de Dios, apuntando para un empeñarse verdaderamente en los destinos de nuestro mundo.

Al lado de estas sombras, el mundo moderno presenta también perspectivas más esperanzadas. Hay en él brotes de interés por lo espiritual, aspiraciones nobles, que pueden encontrar en la herencia orante del cristianismo, y en concreto en el Rosario su más alto cumplimiento.

Los jóvenes están en disposición de amar el Evangelio y el Rosario de María, gracias a su aspiración a la contemplación y la oración. Desean la autenticidad; rechazan la hipocresía y la violencia; tienen un gran sentimiento de gratitud y generosidad desinteresada para con Dios y para con todos; buscan, a veces no sin angustia, la verdad, la libertad, la paz, en fin, un mundo nuevo, con un modo nuevo de concebir la vida. Todo lo cual concuerda maravillosamente con los misterios y el ideal del Rosario, en el que, por Cristo, todo es nuevo, santo y noble.

En el desarrollo del mundo moderno, la mujer adquiere cada día mayor importancia. También en esto el Rosario puede contribuir en la medida en que apunta hacia la más valiente reivindicación de los derechos de la mujer. A ningún otro programa feminista se puede comparar. En él María aparece como la Mujer ideal para todos los tiempos, al lado del Hombre también ideal. Han de ser mujeres como María y han de cooperar como Ella a la redención de nuestro mundo. María, la madre del Rosario, es modelo eximio de la condición femenina en todas sus manifestaciones y puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Los actuales movimientos de liberación también han de aprender mucho del Rosario. En él hay un mensaje real para los pobres, los oprimidos, los débiles, los enfermos, los marginados, las mujeres explotadas y hechas objeto de placer y de consumo, los ancianos, los obreros que necesitan encontrar sentido a su fatiga frecuentemente inhumana por tantas causas y circunstancias de la vida. La sencillez del método proporciona esta posibilidad, en la medida que cuanto a sus posibilidades de concretización ellas son muy amplias, tocando todos los “niveles” de la sociedad.

A todos niveles sociales el Rosario les ofrece «un instrumento de liberación evangélica», no sólo «como una luz fría y abstracta» que se proyecta sobre su vida, sino «como manantial de ayuda, de acción y de calor», en cuanto mueve a otros a proporcionárselo, solos o en equipo, como lo harían Cristo y María, empeñados en la redención humana, no sólo espiritual, sino también temporal. Otro elemento a tener en cuenta es el nacimiento de la oración carismática. No se trata de integrar el Rosario en estos movimientos, ni viceversa, sino de explotar todas sus riquezas.

El prototipo y origen de toda oración carismática es la del Cenáculo, que el Rosario siempre repite en particular o en común. Si nadie puede decir «Padre» o «Señor», si el Espíritu no le inspira, el Rosario está siempre, como Cristo y María, bajo la acción del Espíritu Santo. Una tal riqueza de posibilidades del Rosario no debe pasar desapercibida para nadie. Amémosle, meditémosle y recémosle con fervorosa dedicación, para aprovecharnos de sus frutos, sobre todo de aquellos que mejor concuerden con las aspiraciones y ansias de nuestro tiempo.


Creo que son dos los retos, a los cuales nuestra Orden, y en concreto la predicación del Rosario pueden dar una respuesta en este inicio del tercer milenio:

1. Diálogo con la cultura

Hoy todo parece funcionar a la velocidad de la luz. Estamos en el tiempo de los recursos técnicos que además de posibilitar la información en tiempo real, son también instrumentos que pueden servir al crecimiento de una consciencia e identidad, en la relación, completamente nueva… ¿Será que estamos delante del signo de “una nueva humanidad”? ¿Y qué tipo de nueva humanidad será esta? Deberíamos preguntarnos…

Hay que decir, mientras tanto, que nos vamos dando cuenta que información no es necesariamente cultura o sensibilización; tecnología no es “ipsis verbis” sinónimo de “más humanidad” y tampoco de sabiduría. Para esto mismo nos á alertado Juan Pablo II en la Exhortación pós-sinodal Ecclesia in Africa cuando dice que “a un sobredesarollo tecnologico parece corresponder un subdesarollo intelectual, emocional y social”.

La experiencia nos muestra que cada vez más los cristianos no conocen los fundamentos de su fe. ¿Qué van a contestar cuando les preguntaren acerca de las razones de su esperanza? ¿Qué decir cuando, el espiritu de este mundo todo lo problematiza, cuando la razón y la experiencia todo lo colocan en duda?

La respuesta, o mejor, la posibilidad de respuesta exige de parte de los evangelizadores una preparación teológica fundamentada y bien sólida, no sólo en la forma sino también en los contenidos, tenerlo claro…a la hora de dar testimonio de la esperanza que nos habita, sólo así podremos de verdad hablar al mundo de hoy, donde la búsqueda de Dios se encuentra tantas veces eclipsada por una apatía…que pensamos ser resultante de un cierto desconocimiento o ignorancia pero también tantas veces de la fragilidad del testimonio de vida dado por los que se dicen cristianos… ¿No será este un desafío muy claro a lo que es nuestra vocación de Predicadores en la Iglesia?

En un momento, donde pensamos que la imagen se sobrepone a la palabra hay que buscar formas de predicación, que sin olvidar esa misma Palabra a ella conduzcan: En nuestra orden tenemos testigos de esta búsqueda, Fray Angélico por ejemplo, etc. ¿Qué decir cuando nos encontramos con la realidad del adagio popular que dice: una imagen vale por más de mil palabras?

El arte, la pintura, nos decía S. Juan Damasceno es el evangelio/catecismo de los pobres (Biblia Pauperum). Creemos que el desafío reside justamente en el pasaje del “momento estetico”, personal, de la experiencia de Dios que empuja a una vivencia para/y en la vida en todos sus momentos, y más concretamente aún, en un implicarse verdaderamente en los destinos de una comunidad, ya que en la experiencia cristiana la comunidad se presenta como locus vital…

¿Qué espacios de predicación son los nuestros? En concreto cuando hablamos en el Rosario, debemos preguntarnos el dónde, o mejor el a quien nos dirigimos. ¿Qué respuestas buscamos dar a estos deseos de nuestro tiempo? ¿Nos arriesgamos a salir al encuentro de esa gente que vive al margen de los “ambientes tradicionales” donde hemos predicado hacia ahora el rosario? ¿Como se concretiza nuestra predicación del Evangelio por medio del rosario, junto de los jóvenes, en la Pastoral Universitaria, Vocacional, etc.? Y si no lo hacemos, ¿que podemos esperar del futuro de la Iglesia y de las sociedades cuando las generaciones de “nuestros abuelos” rosaristas desaparezcan?

En este diálogo con el mundo de hoy tendremos que atender también al lenguaje, momento cambiante de todas “mutaciones” antropológicas e históricas. ¿Todavía tiene sentido hablar de expiación, justificación, sacrificio? Y si, tiene sentido, qué contenido tienen estas palabras para la humanidad de hoy?

¿No será misión de la Iglesia, y en concreto de nuestra Orden, promover una correcta adaptación del lenguaje a los contenidos que pretende transmitir, à la realidad de la que quiere decir algo? ¿De buscar puentes de diálogo nuevos, o también buscar en los “antiguos” la fidelidad a la novedad absoluta del Evangelio de Jesús en cada tiempo e lugar?

El modo de hacerlo, exige de nuestra parte la audacia de asumir nuestra opción de vida como cristianos y como predicadores, la valentia de asumir nuestro mundo como una realidad viva, cambiante pero con gérmenes de la presencia de ese Dios que convida al festín del reino.

2. Nueva Evangelización

La nueva evangelización pasa necesariamente por el buscar de modos nuevos de presentar y experimentar o fundamento del cristianismo: Jesús.

Es de suma importancia percibir el camino de la nueva evangelización. Como nos dice Elie Wiese: debemos logar reconocer en el otro el sufrimiento de Cristo. Necesariamente esta postura se fundamenta en la solidaridad y misericordia del mismo Cristo. Solidaridad es también saber acoger, saber rescatar a alguien del anonimato e promoverle, o ayudarle a promover su integración. Lo mismo seria decir que la unidad pasa por el conjugar de esfuerzos. ¿Utópico? ¡Puede que si! Pero me gustaría recordar algunos de los últimos episodios trágicos de nuestra historia: el Tsunami, en el caso de Portugal: Timor…momentos estos que han servido de motivo para una ola de solidaridad sin precedentes, en la cual el anonimato ha logrado tener un nombre, la multitud ha logrado tener un rostro. En la disposición para percibir las ventajas de este paradigma, reconoceremos que ello podrá posibilitar un verdadero encuentro entre el hombre y Cristo, y entre los hombres entre si.

La Nueva Evangelización pasará necesariamente, por el apostar en este encuentro, un encuentro que cambia de verdad la vida de las gentes, un encuentro que apunta para esa realidad de la felicidad en Dios, que empieza construyéndose ya en este nuestro mundo y que apunta a la posibilidad de un futuro de esperanza, de confianza, un futuro que implica la opción radical que transforma la Vida en todos sus aspectos.

Muchas son las señales, que apuntan para esta realidad: veamos la experiencia de Taizé, las Jornadas Mundiales de la Juventud, pero también el exito que tienen nuevas experiencias de vida religiosa, o grupos, en especial en los jóvenes.

Por otro lado tenemos también las experiencias orantes de otras tradiciones religiosas, que en occidente van logrando cada vez más adeptos y que nos debían cuestionar seriamente. ¿Será que lo que buscan las gentes en esos experiencias espirituales no lo han encontrado en el cristianismo? O mejor: ¿será que no existen en nuestra tradición orante?

Intentamos con esta modesta reflexión situar la cuestión: Rosario e Predicación del Evangelio… ¿por donde van los caminos hoy? Hacia donde nos llevan: ¿a la muerte o a la vida (del método o instrumento de evangelización)?

La respuesta la encontraremos juntos… compartiendo… Para eso estamos.

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