Volver a Fátima

Fátima es un un lugar conmovedor, uno de esos lugares difícil de abandonar. Y los Portugueses lo saben muy bien, cuando cantan su «Adeus» a la que ellos llaman la « Reina de Portugal ». La imagen de Nuestra Señora, llevada en procesión, se aleja y los pañuelos se agitan. Son numerosos, en medio de la multitud, los que lloran, como si no fueran a verla nunca más.
Es todo un pueblo que canta su cariño a la que vino, hace ya cerca de 90 años, sobre esta tierra de encinas y de olivos. Una tierra pobre. Fue la Virgen María, que se apareció a tres pastorcillos dándoles su nombre : Nuestra Señora del Rosario. Es la Madre de Cristo que viene a visitar a sus hijos de la tierra. Es ella que viene a llevarles un mensaje, exigente, de conversión y de oración. Los bienaventurados Francisco y Jacinta, que habían aceptado generosamente sufrir por la conversión de los pecadores, lo saben muy bien : la elección de Dios es una elección radical. Es la elección propuesta a todo cristiano, sobre el camino de la santidad que es el suyo.


«Yo vengo del cielo»

Una vez más, Nuestra-Señora, se inclina hacia la tierra. Una vez más, se aparece a unos niños. Durante la primera aparición, el día 13 de mayo de 1917, en el momento en que Europa está ensangrentada por el conflicto interminable, dice a los pastorcillos que viene del Cielo. La luz que envuelve a Nuestra Señora no es apagada por las tinieblas de la violencia, de la miseria y de la guerra.Todo se apacigua en esta luz deslumbradora. La Señora viene del Cielo y nos llama al Cielo.¿ Cómo no pasar por ella para ir hacia su Hijo, Él que la ha escogido para venir hacia nosotros ?

« Quiero que recéis el rosario cada día»

Nuestra Señora, cuando se aparece a los tres niños, lleva un rosario. Va a pedirles que recen el rosario, esta meditación contínua de los misterios de la vida de nuestro Señor. Oración fiel, oración de cada instante, es la oración por la paz que solicita sin cesar la intercesión poderosa de esta virgen fiel. Y ella misma pedirá que se añada, después de cada decena, una oración : « ¡Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, presérvanos del fuego del infierno y conduce al Cielo a todas la almas, sobretodo a aquellas que necesitan más de tu santa misericordia ».

Y es precisamente de esto de lo que se trata : convertirse para ir al cielo, seguros de la intercesión de la Virgen María. Hay que guardar, cerca de nosotros, a esta Madre tan santa, en cada instante, ahora y en la hora de nuestra muerte. Los peregrinos de Fátima lo saben bien cuando le cantan su tristeza de estar separados de ella : No tendrían que abandonarla jamás.

¡Dejar Fátima, sí, pero para volver, una y otra vez, para estar cada día más cerca de Nuestra Señora !

 

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