« Ya no tienen vino »

Existe un episodio de la vida de San Antonio el Grande, cuya fiesta celebramos hoy, que me gustaría recordar para comenzar. Antonio, habiendo perdido a sus padres se encuentra al frente de la fortuna familiar. Un día entra en la iglesia de su pueblo y oye al diácono que proclama el evangelio. « Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, y dáselo a los pobres y sígueme.» Ese día, el Verbo se hizo carne de nuevo en él, Antonio. Comprendió que este evangelio, que ya había oído probablemente otras veces, le era dirigido.

Hermanos y hermanas, el evangelio de este domingo nos presenta una acuidad nueva, dados los acontecimientos, nos muestra una dimensión que tal vez no habíamos imaginado hasta el presente.

El marco es más bien simpático : unas bodas. ¿Existe algo más alegre?

Pero hoy, os pregunto, ¿Dónde está el tiempo de bodas? ¿Dónde están las bodas a las que Jesús estaba invitado?¿Podemos tener el corazón alegre para la fiesta?

Tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para no renunciar a la alegría y a la Esperanza. A no ser que seamos como bestias hastiadas por la sobredosis de imágenes televisivas, que nos inundan una tras otra, porque hay que reconocer honestamente, que nuestra fe está puesta a prueba. « ¿Dónde está vuestro Dios? »

Ayer recordé un pasaje del Ensayo sobre el mal del Cardenal Journet en el que nos ha dejado un sobrecogedor relato de su visita al campo de concentración de Majdanek en Polonia : « Intento a mi hora recitar el Pater, gritar por esos inocentes hacia el Padre que está en los cielos, que ha visto todo esto, y que se ha quedado mudo. ¡Qué misterio! ¿Hasta qué profundidad Dios nos pide que le hagamos confianza, qué creamos en su amor? ¡Sí, Señor, qué venga a nosotros tu reino! »

Estamos desprovistos, sin saber que decir, ni que hacer. La oración de la primera semana del tiempo ordinario vuelve a nuestra memoria:

« Responde Señor a las llamadas de tu pueblo en oración y en tu bondad: da a cada uno la clara visión de lo que tiene que hacer y la fuerza de ponerlo en práctica »

Entremos con ánimo en la oración y acojamos una Palabra que no sea nuestra. Entonces esta mañana, como para San Antonio, una pequeña frase del evangelio, sin duda muchas veces oída durante nuestras vidas de bautizados, llega a golpear a la puerta de nuestros corazones « Ya no tienen vino » y esta llamada de María a su Hijo, nos invita a entrar en el combate de la oración, sin armas, o más exactamente « con una fe desnuda» y «esperando contra toda esperanza ». (Rom. 4, 18)

Apoyándome en algunos pasajes de e-mails recibidos de uno de mis hermanos dominicos, que desde Haití, por internet ha conseguido darme algunas noticias, permitidme, hermanos y hermanas, que deje expresar una oración, un poco personal, a través del corazón de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, advocación con la cual los Haitianos aman llamarla. Ella es la patrona de ese país.

Madre, « Ya no tienen vino. »

« Las casas se han hundido. La muerte, los muertos, muchos muertos. Acabamos de pasar la noche al raso. La ciudad está llena de gemidos y de gritos. Hay muchas personas bajo los escombros…/…Durante todo el día de ayer hemos sentido las vibraciones de la tierra y algunas réplicas que han provocado gritos y oraciones y en los barrios : “Jesús, Jesús“. »

Madre de Dios, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Tú, a quien invocamos en este santuario nacional ubicado justo al lado de la catedral, mira a tus hijos de Haití. Les oyes gemir, gritar, vociferar, llorar, cantar, rezar, la tierra acaba de temblar, en un minuto lo han perdido todo, absolutamente todo. La mayoría ya no tenía casi nada pero esta vez, ya no tienen más que el miedo, el sufrimiento, la sed y el hambre. Madre, « Ya no tienen vino », ya no tienen nada.

« Monseñor Miot, arzobispo de Puerto Príncipe, ha muerto…/…
Las facultades, las escuelas, las iglesias se han hundido. Hay muertos y personas bajo los escombros pero no hay material necesario para quitar los escombros de cemento y los tejados. »

Madre de Jesús, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Tú, a quien se invocaba en tu santuario nacional hoy día destruído, cerca de la catedral hundida que acaba de perder a su pastor, Monseñor Joseph Serge Miot, tan sencillo y acogedor y muy amenudo tan gracioso, mira a tus hijos de Haití. “Ya no tienen vino”. “Ya no tienen pastor, ya no tienen tampoco el pan de la Eucaristía”. Y el Obispo y tantos sacerdotes acaban de morir.

« Hace un rato he podido circular por la ciudad para dejar el cadáver de una alumna muerta ayer por la noche. Hay que llevar los cadáveres en brazos y a pié porque ciertas calles están bloqueadas. »

Madre del Salvador, nuestra Madre, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Tú, a quien invocábamos con los alumnos, cada mañana y durante el día, Tú, la Reina y la protectora de la tierra de Haití, mira a tus hijos, mira a esta joven del Centro Madre Rosalía que mi hermano Manuel acaba de llevar a pié hasta la primera morgue improvisada… Mira a los niños, a estos jóvenes alumnos, que han perdido la vida, esta vida tan clamorosa, desbordante, turbulenta incluso. Mira a los supervivientes, chicos y chicas de Haití, de Puerto Príncipe, de Jacmel, de Cayes, « Ya no tienen vino », ¡El vino de la juventud y de la alegría! Abre tu gran manto de misericordia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Tú, a quien invocamos como la fuente de nuestra alegría…

« El martes, durante una conferencia, una parte del CIFOR, centro de formación teológica para las religiosas y religiosos, se ha hundido. Doce jóvenes estudiantes, religiosos montfortianos, han muerto. Ya los han enterrado. Muchos sacerdotes y religiosos han muerto en sus parroquias o en sus conventos. »

Madre de la Iglesia, nuestra Madre, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Tú, la estrella de la mañana que alegraba el corazón de tantos sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y novicios, acuérdate de todos aquellos y aquellas que eran la esperanza de la Iglesia en Haití y que van a faltar gravemente a este país. Acuérdate de la docena de escolásticos montfortianos muertos, acuérdate de los numerosos jóvenes religiosos y religiosas en formación, todos enterrados bajo los escombros del CIFOR. Fr. Silvain y fr. Joël, mis amigos camilianos, las Hijas de la Sabiduría, y las hermanitas salesianas, ¿Dónde están todos ellos? No puedo repetir todos los nombres. ¡Hay tantas caras amadas que se presentan ante mí! Tú las conoces mejor que yo, se confiaban a tí, Madre. Los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los supervivientes y todos estos amigos tan queridos de los cuales no tenemos noticias, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con una fe despojada y con la esperanza contra toda esperanza, te los confío…

« Delante de la Facultad Luz, en frente de la casa de nuestras hermanas dominicas de la calle O, un padre lloraba por su hijo enterrado bajo las piedras : « Hijo mío, hijo mío ».

Madre bondadosa, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, consoladora de los que lloran, mira a las madres, a los padres que se lamentan por sus hijos desaparecidos, mira a los niños que lloran buscando a la madre, al padre que ya no tendrán nunca más, a los esposos que se quedarán solos en esta tierra, transidos y perdidos. Mira a las familias que allí, aquí o en cualquier parte del mundo, no saben nada, no oyen nada, ni reciben nada, lo que se dice nada de nada. Sé su consuelo, el consuelo de todos los huérfanos.

« Socorristas internacionales se activan actualmente, pero para muchísimas personas que yacen bajo los escombros desde el martes por la noche será demasiado tarde. Gracias a Dios, de vez en cuando algunas personas son arrancadas del peso de las paredes de cemento…
Fr. Charles busca desesperadamente a su hermanita Magali desaparecida el martes por la noche. Ha dado la vuelta por los hospitales y las clínicas, las morgues y las plazas públicas, sin ningún resultado hasta el presente. Magali se cuidaba de su madre que estaba enferma. »

Madre tan dulce, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, liberadora de los que sufren, mira a todos los heridos, a los amputados, a los que poco a poco ven que su vida desaparece. Mira a los que están todavía prisioneros por los escombros, a los que no verán llegar el socorro y que serán asaltados por la revuelta y la desesperación. Mira a aquellos que intentan tener noticias de sus seres queridos, que buscan por las calles, los hospitales y las morgues improvisadas, que buscan y buscan y que no encuentran y que no encontrarán nunca, y no verán nunca más las caras de los seres queridos.

« Hemos pasado la noche al raso puesto que temíamos el hundimiento de las casas. Toda la población está fuera de día y de noche. Gracias a Dios no ha llovido en estas circunstancias. Miles y miles de personas están bajo los escombros. Algunas están vivas y piden socorro pero los vecinos no pueden levantar tantas toneladas de cemento. .../...
Esta noche la tierra no ha temblado pero todo el mundo se ha quedado fuera. »

Madre del hogar de Nazaret, Casa de oro, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, mira a todos aquellos y aquellas que no tienen donde reposar su cabeza, que no tendrán donde cobijarse cuando durante varias horas caerán con violencia las lluvias tropicales, que no tendrán con que protegerse del sol y del calor. Viven fuera a la merced de la intemperie, de los saqueadores y de los ladrones. ¡Tú sabes muy bien que las chicas jóvenes de Haití viven siempre en la inseguridad! ¡Ciudadela de la pureza, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, sé su fortaleza!

« Hemos pasado la noche fuera rezando. Felizmente el pueblo haitiano tiene la fe. La gente se ha reunido para rezar y cantar en medio de los gritos y de los gemidos. »

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,

Estamos tan lejos y despojados, pero el amor desbordante del Profeta Isaías por Jerusalén se inflamó y no se apagará jamás. Gritemos hacia Dios también nosotros :

« Por la causa de Jerusalén yo no me callaré, por Sión, (por Haití) no tomaré reposo, antes que su justicia no se levante como la aurora y que tu salvación no se encienda como una antorcha. »

Por ti, ¡oh Madre! Imploramos a Dios rico en misericordia; hacia tu Hijo, día y noche, con nuestro grito: "Dios mío, mi misericordia…!"

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Madre, mira a tus hijos de Haití.

Acuérdate, ¡Oh Virgen María! llena de misericordia que nunca se ha oído decir que nadie de los que han pedido socorro bajo tu protección e implorado tu asistencia o reclamado tu auxilio, hayan sido abandonados…

¡Oh Madre del Verbo encarnado, no desprecies nuestras súplicas, escúchalas favorablemente y dígnate aceptarlas!

Hermanos y hermanas,

Si nos sentimos pobres, no sabiendo lo que hacer, recitemos esta oración de la Iglesia, digámosla de todo corazón:

« Señor en tu bondad, responde a las llamadas de tu pueblo en oración: Da a cada uno la clara visión de lo que debe de hacer y la fuerza de llevarla a cabo. »

Provoquemos con el combate de la oración y de la caridad que no se paga con palabras, ni se contenta con bellas declaraciones sin llevarlas a la práctica. No se juega con la caridad. « La fe sin obras es estéril » (Santiago. 2, 20)

Para mí, os lo confieso, esta oración ha tomado una fuerza inesperada al recibir un mail de la madre provincial de la Hermanas de San José de Cluny, sor Christiane :

« Hasta el próximo correo. Gracias por rezar por nosotros y por las familias. ¡Resiste, tú también! Sor Christiane » ¡Resiste tú también!

Amen.

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