Pauline-Marie Jaricot: un rostro de la Iglesia

Pauline-Marie Jaricot nació en Lyon (Francia) el 22 de Julio de 1799, en el seno de una familia profundamente cristiana. Antonio Jaricot, almacenista y vendedor de seda, y su esposa Jeanne Latier forman un matrimonio unido. En aquella época la industria de la seda era floreciente y contribuye a la prosperidad de la familia.

A los 16 años Paulina lo tiene todo: belleza, inteligencia, riqueza. Puede vestirse con cuidadoso esmero y gusto. Fue durante un sermón acerca de la vanidad cuando le tocó la gracia. De vuelta a casa decide abandonar los ricos vestidos y las joyas para vestirse lo más sencillamente posible. Se decía: “Una necesaria radicalidad podía llegar al cabo de mi vivo atractivo por todas estas cosas.

La obra de la propagación de la fe

Fue a través de su hermano Phileas, que estudiaba en San Sulpicio de París para ser sacerdote, como Pauline conoce las dificultades y necesidades en que se encuentran los misioneros que parten hacia China o América: almas generosas en oraciones y también de dinero. Paulina, siempre dispuesta a dedicarse a aquello que interesa a la causa de la fe y atenta a las necesidades de su tiempo, toma en serio sus llamadas.

Existía en París una “Asociación para la Propagación de la Fe”, creada en 1817 por las Misiones Extranjeras de París, que llamaba en primer lugar a la oración por las misiones y a la ofrenda de unos céntimos por semana “por los que lo podían dar”, de forma no regular. Pero no tenía mucho éxito.

Será en la oración, buscando en Dios el medio de organizar las colectas como, dirá Paulina, “me fue dada la visión clara de este plan: “proponer a cada persona de mi círculo íntimo que buscase 10 socios que regularmente dieran 1 moneda por semana para la propagación de la Fe, y confiar a personas de confianza la colecta del dinero de estas “decenas”, luego a las centenas las colectas de éstas últimas”. Esta innovación y organización de Paulina, en Noviembre de 1819 conocerá un éxito inmediato, y será el punto de partida de la Obra de Propagación de la Fe. En 1822 su extensión y organización a nivel nacional se confiarán a unas personalidades, más aptas para asegurarle solidaridad y porvenir y ella abandonará su obra. Paulina se designa modestamente como “la primera cerilla para encender este gran fuego”.

Fundadora del Rosario Vivo

“Propagar la fe” “Salvar las almas”. La obra de la Propagación de la Fe puesta en buenas manos, Paulina “que había amado a Jesús más que a nada en la tierra” no cesará de hacerla conocer y amar entre la multitud. Alma de oración, de gran piedad mariana, formando parte de una Cofradía del Rosario, constató con tristeza en 1826 que esta oración no era más que una ocupación “de viejas sin nada que hacer” “prejuicios muy falsos pero desgraciadamente extendidos por todas partes”. El Rosario le pareció entonces la solución para luchar contra los males espirituales de su época. Pondrá pues todo su empeño en “hacer que se agregue el Rosario a la Misa”. Aplicará al Rosario Vivo el mismo principio de los “asociados” de la Propagación de la Fe, repartiendo los 15 misterios que componían entonces el Rosario entre 15 personas.

Compromiso de rezar un misterio diario, rezar la decena correspondiente al misterio caído en suerte, buscar otros 5 miembros que recluten otros 5 para “multiplicar” los miembros. Estas fueron las bases esenciales del Rosario Vivo para “grabar en los corazones, por la meditación, el amor de Jesús en sus misterios”. Este se propagará de una manera fulgurante: en 1.834 en Francia el movimiento cuenta con más de un millón de miembros y la obra traspasará las fronteras.
Para resumir la figura de Paulina, retomemos las palabras de conclusión del P. Eyquem en su intervención en el Consejo nacional de Marzo de 1.989 en París cuando evocaba a Paulina Jaricot y los Equipos del Rosario: “Quedo fascinado por su rica personalidad. Si me preguntasen por qué motivo, diría de todo corazón que para mi, Paulina Jaricot, es la Iglesia hecha mujer, aquella mujer. La Iglesia de las misiones, la Iglesia de los pobres, la Iglesia de los parados y de los sin techo, la Iglesia de los que tienen poca o ninguna fe. ¡La Iglesia de María, por supuesto! La Iglesia de la Eucaristía y del Vicario de Cristo. La Iglesia coronada de espinas, burlada, despreciada, llevando una pesada cruz. La Iglesia de su tiempo pero también la Iglesia que no es de su tiempo. Le debo el Rosario Vivo tal como existe hoy día” (a través de los Equipos del Rosario) “Leed –decía- las biografías de Pauline Jaricot, en ellas tomaréis el secreto de un nuevo impulso”.

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