“Vosotros sois el cuerpo de Cristo”, un Misterio que vivir.

En la constitución dogmática “Lumen Gentium” (Cap. 2) del Concilio Vaticano II, se da una definición de la Iglesia en tres puntos que hay que considerar en su unidad: la Iglesia “Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del espíritu Santo”. El año pasado abordamos el misterio de la Iglesia meditando sobre la Iglesia, “Pueblo de Dios”, este año hemos profundizado sobre la iglesia “Cuerpo de Cristo”. El tema que meditaremos a partir de Septiembre tratará del “Templo del Espíritu” y cerrará esta gran aproximación al Misterio de la Iglesia.

Cuerpo de Cristo, un cuerpo de mil facetas…

San Pablo utiliza la imagen del cuerpo para hablar de la Iglesia. El cuerpo es lo que permite identificar una persona; el cuerpo de Cristo es lo que nos permite ver a Dios “Quien me ve, ve al Padre” (Jn. 14).

• La Iglesia, Cuerpo de Cristo, forma un todo en la diversidad de sus miembros. Cada uno según los dones que ha recibido contribuye a la construcción del cuerpo cuya cabeza el Cristo. Una construcción que se realiza en la pacificación y la conversión del corazón para salir de nuestras posiciones extremas, a veces, y de nuestras cegueras.

• Cristo, cabeza del Cuerpo del que soy miembro por el bautismo y que encierra la creación entera, es verdaderamente hombre, nacido de María, el Emmanuel, “Dios con nosotros”. Ha venido a desposar y reconciliar nuestra humanidad creada a semejanza de Dios. Reconocerle y adherirnos fielmente fundándonos en su Palabra, es entrar en la esperanza.

Un cuerpo enraizado y vivo…

La Iglesia es también el Cuerpo de Cristo transfigurado. En ella se cumple toda la Escritura, la Ley y los Profetas. El Pueblo de dios, Cuerpo de Cristo, es el pueblo mesiánico en que el Padre se complace. Por los sufrimientos de su Pasión, Cristo quita los pecados del mundo, mostrando así el sentido de la Pascua. Hoy, en la Iglesia, es el cuerpo entero quien celebra esa cena pascual cada eucaristía. Él preside esa cena. En el compartir el pan eucarístico, cada miembro es llamado a repartir a Cristo por las obras de caridad para que el mundo tenga Vida en abundancia.

Un cuerpo forjado en el amor para transformar el mundo

De la Transfiguración a la Resurrección, Cristo nos guía. El hombre dividido entre el bien y el mal pasa de la sombra a la luz. Los sacramentos son fuente de vida. Nos dan fuerza para “trabajar en la reconciliación del mundo con Dios. (…)

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