No olvidemos “El Espíritu de Dios habita en nosotros”

Clausuremos nuestro tema “el misterio de la Iglesia” meditado durante 3 años con esta hermosa recomendación de San Pablo a los Corintios: “No olvidéis que sois el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros”. (1 Cor 3, 16).

El templo para los judíos es el lugar santo por excelencia. Cuando Jesús expulsa a los mercaderes del Templo declara: “Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días” y Juan Explica: “el templo del que hablaba era su Cuerpo” (Jn. 2, 18). El cuerpo de Jesús es pues el nuevo Templo y es en la cruz, en el sacrificio de Cristo donde nace la Iglesia., Habiendo cumplido el Hijo la tarea que el Padre le había encomendado, envía al Espíritu Santo para santificar la Iglesia para que los creyentes tengan acceso al Padre, por Cristo, en el único Espíritu (Lumen Gentium, 4). El fundamento de la unidad de la Iglesia es la Trinidad. Es la imagen de las tres personas que forman un solo y mismo Dios, en una comunión de amor.

El Espíritu Santo dado en el bautismo habita en nosotros. Es el amor, el cimiento de la Iglesia de la que nosotros somos piedras vivas”.

En su primera carta San Pedro lo indica claramente: “También vosotros sed las piedras vivas que se edifican sobre la piedra angular, (la piedra viva por excelencia que es Cristo) para construir un edificio espiritual” (1 Pe. 2, 5-9). También San Pablo utiliza la imagen de una construcción que tiene como cimiento los apóstoles en la que Cristo es la piedra angular, edificio que se construirá armónicamente con la fuerza del Espíritu (Ef. 2, 18-22).

Somos las “piedras vivas” de la Iglesia de hoy “integradas en la construcción”. Cada uno somos únicos e importantes y cada uno puede, acogiendo al Espíritu Santo (con el testimonio de su vida y sus palabras) contribuir a la edificación del templo. Todos nosotros, tanto como piedras vivas cuanto como miembros del cuerpo de Cristo, participamos en la misión, somos Cristo en el mundo. Y un pedazo de mundo puede ser un vecino, un desconocido que espera una sonrisa, un gesto, una invitación. También por nuestros Equipos del rosario se realiza la salvación de los que nos rodean. Ahí tenemos la misión de proximidad que Cristo da a cada uno de nosotros y a la comunidad. Pidamos al Espíritu Santo nos otorgue los dones variados y necesarios para esta misión.

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