“Año de la Fe” para toda la Iglesia

¡Qué bonito tema del año para la Iglesia universal el de la Fe! ¿No es la fe la gracia más grande que existe? Nuestro Santo Padre Benedicto XVI la quiere para nosotros, la Iglesia y el mundo. Este nuevo año de gracia, comenzado el pasado 11 de Octubre con ocasión del cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, terminará en la solemnidad de Cristo Rey, el 24 de Noviembre de 2013.

De forma que lo ha inaugurado convocando un Sínodo de obispos con el tema de la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana para que sea, a nivel de Iglesia universal, un tiempo de reflexión particular y de descubrimiento de la fe.

Con este tema que le sale especialmente del corazón, nos ha mostrado su intención desde Octubre de 2011 en la carta apostólica titulada Porta Fidei (la puerta de la fe) y que empieza así:

“La puerta de la fe” que introduce a la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia está siempre abierta a nosotros. Es posible franquear ese umbral cuando la Palabra de Dios es anunciada y el corazón se deja modelar por la gracia que transforma. Atravesar esta puerta implica comprometerse en ese camino… (del) bautismo, por el que podemos dar a Dios el nombre de Padre… (hasta) el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, por el don del Espíritu Santo, ha querido asociar a su misma gloria a todos los que crean en él.

La idea de Benedicto XVI es clara: comprometernos a franquear esta puerta de la fe. No es un lujo, es una necesidad. Y el Papa es muy consciente: la crisis de fe que golpea nuestro mundo occidental es tal que llegaría a negar sus raíces cristianas. La fe no es ya un supuesto evidente de la convivencia.

Ved por qué el Santo Padre, portador de una gran esperanza a la manera de su beato predecesor, viene a interpelarnos justamente por nuestra fe. Nos habla directamente de la exigencia de redescubrir el camino de la fe para sacar a la luz, de forma más patente, la alegría y entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. Así pues en la fe en Cristo se encuentra la esperanza para todo hombre de ser salvado de las desdichas que le golpean o amenazan.

¿Cómo pues transmitir la fe?
En primer lugar por el ferviente deseo personal de conocerla mejor a través de la Palabra de Dios, seguido de la enseñanza de la Iglesia. Luego por la voluntad amorosa de conformar con ella la propia vida. Para llegar al testimonio de la caridad con el prójimo que es la expresión más verdadera de la fe. Para eso todo fiel debe (re)descubrir ese tesoro ofrecido por todos los obispos del mundo: el Catecismo de la Iglesia Católica sacado del Concilio Vaticano II y en el que la fe es EL sujeto de 4 patas: la fe proclamada, celebrada, vivida e íntima.

Así, recorriendo a nuestra manera el itinerario de la fe de María, seremos humildes y auténticos evangelizadores, instrumentos de Dios para la fe de nuestros hermanos los hombres.

Y Benedicto XVI concluir por un acto de fe que no olvide a María: Creemos con una firme certeza que el Señor Jesús venció el mal y la muerte…Presente en medio de nosotros vence el poder del maligno y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, subsiste en él como de la reconciliación definitiva con el Padre.

Confiemos a la Madre de Dios, proclamada “dichosa porque ha creído”, este tiempo de gracia.

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