Con María, transmitir esperanza

Artículo de Anne-Marie Nas, Responsable Nacional de Francia, publicado en el Folleto mensual de oración de los Equipos del Rosario Nº380 - Octubre 2013

Evocando la misión de los Equipos del Rosario, el P. Eyquem decía: “¿Para qué (están) los Equipos del Rosario sino para transmitir la esperanza que aporta el Evangelio? ¿Qué hacéis cuando os reunís en vuestras casas y barrios? ¿Qué hacéis sino transmitir la esperanza y transmitirla con María?”

En la escuela de la Virgen María, primera discípula que ha traído y dado a Cristo al mundo, estamos llamados a su seguimiento y a seguir su ejemplo llevando a Cristo a los hombres. Es El, Cristo, nuestra esperanza (I Tim, 1), don de Dios a los hombres, venido a mostrarnos su rostro, a revelar su amor y hacernos partícipes de su vida. Es la Buena Nueva del Evangelio.

Igual que para la Virgen María, que guardaba la Palabra en su corazón, cada mes la Palabra de Dios que nos reúne se encarna en nosotros. En ella nuestra Esperanza encuentra su fuente y apoyo. Alimentados y fortalecidos, podemos transmitirla a los demás. Invitar al encuentro mensual es ofrecer la posibilidad de un encuentro con Cristo que habla a cada uno en su Palabra y mueve los corazones.

Con María, que meditaba la Palabra, meditar cada día un misterio del Rosario, un acontecimiento de la vida de Jesucristo, es ponerse en su presencia. En su encíclica “Spe Salvi” (salvados en la Esperanza), el Papa Benedicto XVI presenta la oración como lugar de aprendizaje de la esperanza. “Si ya nadie me escucha, Dios me escucha. Si ya no puedo hablar con nadie, siempre puedo hablar a Dios. Si ya nadie me puede ayudar, El puede ayudarme. Si estoy relegado a una extraña soledad, quien reza no está nunca totalmente solo”. (nº 32)

En la visita a Isabel María le lleva lo que hay de más precioso en ella: Jesús. Dios por la encarnación de su Hijo viene al encuentro de los hombres y renueva su alianza. María responde de una manera muy personal con el canto del Magnificat y, por tanto, es la Palabra de Dios su palabra. Ella nos deja un mensaje de esperanza que cada día la Iglesia continúa rezando.

Como María necesitamos ir al encuentro del otro. Nuestro Papa Francisco invita a todos los católicos a ir al encuentro de las gentes. “El papel de la iglesia –dice- es ir a los otros, conocer a cada uno por su nombre. Este es el núcleo de su misión: ir hacia el otro con espíritu de apertura y escucha, desembarazado de todo prejuicio, es decir, sin pensar que por tener ideas opuestas a las mías o porque es ateo, es incapaz de aportarme algo. Toda persona tiene algo que aportarnos y puede recibir algo de nosotros”.

Con María, transmitir la esperanza es abrir las puertas de nuestras casas para experimentar el encuentro, la relación entre personas diferentes y juntos buscar crecer en la fe, en el amor. Es estar como ella en Caná, atenta a los acontecimientos, a las necesidades, a las esperas. Es presentar a dios en nuestras oraciones a los que tienen sed de amistad. Es ofrecer palabras de vida, de consuelo, es abrir nuevos horizontes. Es llevar la luz y la esperanza del Evangelio allí donde reinan las tristezas y las angustias.

Pues la aspiración a la felicidad, a los deseos de amar y ser amado que hay en el corazón de cada hombre, encuentran en Dios su pleno cumplimiento.

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