El encuentro mensual, 4 puntos importantes

Una cita fiel

Formar parte de un Equipo del Rosario supone el compromiso de dedicar un tiempo a responder a una invitación. Es decir al Equipo: “Os necesito para crecer en la fe y vosotros podéis contar con mi presencia”. Así pues, se nos pide fidelidad. Fidelidad a nuestros encuentros mensuales, fidelidad a oración diaria. Pues Dios es fiel.

Cada encuentro mensual, vivido como una reunión para Dios, llega a ser un momento bendito que debe constar en nuestras agendas como una prioridad. Aprendamos a discernir qué es esencial para ser cristianos gozosos, unidos a Dios.

María nos muestra el camino. Tendámosle la mano firmemente y, con ella, aprendamos cada día a dejarse invitar Dios a nuestra casa.

Encuentros

Igual que la Misa del domingo, este encuentro mensual de un Equipo del Rosario es en primer lugar una cita de amor a la vez fraterno y divino. Estamos llamados, convocados para dar este tiempo gratuito a nuestro Dios.

El pone en los corazones este gran deseo de encontrarle durante este tiempo de oración comunitaria. La alegría que sentimos al volver a vernos, al intercambiar las noticias, manifiesta su presencia. Esta amistad fraterna que nos une es la puerta de entrada para Aquel que quiere morar en nosotros.

Rezar en las casas es ir de visitación en visitación. Más que un simple saludo, nuestros saludos quieren revelar a cada uno la presencia escondida de Jesús que el Espíritu Santo nos va a revelar a lo largo de este encuentro.

La Palabra de Dios

En el centro de la mesa familiar se pone la Biblia. Así significamos que nuestra oración se basa en la Palabra de Dios. Oigamos lo que dice el P. Eyquem: “La oración en común de los Equipos del Rosario quiere ser una celebración de la Palabra de Dios. Se trata sobre todo de escuchar a Dios, de entender bien lo que nos ha dicho y de ver las consecuencias que su Palabra debe tener en nuestra vida hoy”. Celebrar la Palabra es tomar a Dios en serio. Así pues para que caiga en nuestro corazón como una semilla, habremos dedicado un tiempo a leerla antes de reunirnos. Luego habrá que leerla de nuevo juntos en silencio. Quizá seamos turbados, como María en la Anunciación, o bien desarmados y desconcertados como a menudo les pasó a los apóstoles al oír a Jesús. Lo importante es que esta Palabra no nos deje indiferentes. Tras el tiempo de profundización cada uno es invitado a manifestar con toda sencillez cómo esta Palabra resuena en él. No importa tanto nuestra manera de expresarnos pues todos somos hijos de un mismo Padre que nos ama tal como somos. Además ¿no nos ha hecho a todos diferentes? En estos intercambios nuestras palabras humanas dan vida a la Palabra divina para enriquecer a todos los miembros del Equipo.

Un testimonio colectivo de fe

El P. Eyquem nos dice: “Una oración evangélica, en plena masa humana puede y debe ser una levadura. Esta es la misión de los Equipos del Rosario”. Igual que no estamos llamados a quedarnos en nuestras iglesias, nuestra oración mensual no nos encierra en nuestras casas. El Papa Francisco nos recuerda que estamos enviados a la periferia. Allí donde Cristo tiene necesidad de nuestras manos, de nuestra sonrisa, de nuestro corazón abierto para acercarnos a nuestros prójimos que esperan una escucha, una palabra. Bebiendo sin cesar de la fuente del amor, nos hacemos esos testigos audaces que anuncian a tiempo y a destiempo que “Dios ama a todos los hombres” y que ha dado a su Hijo para salvarnos.

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