La evangelización del mundo por los flujos migratorios

Al otro lado del mundo he podido ver de cerca esta evangelización moderna por las minorías cristianas en el exilio: una situación nueva, a pesar de que las poblaciones no han cesado de emigrar a través de la historia. La Biblia está llena de éxodos y exilios.

Nueva Zelanda es una magnífica tierra de acogida. He podido encontrar importantes comunidades cristianas que venían de Irak y del Líbano y escuchar bellos testimonios de exiliados –sobre todo de los que pasaron la guerra entre Irán e Irak– acogidos en parroquias con los brazos abiertos. Este magnífico trabajo de acogida, busca de alojamiento, trabajo, papeles oficiales, escuela para los niños, es una verdadera caridad cristiana fraterna e ingeniosa.

Los exiliados en acogida tienen, en general, dos soluciones:

Acomodarse entre ellos, organizar el “comunitarismo” con sus costumbres, seguir hablando su lengua de origen, seguir con su Misa en rito caldeo, muy rica en simbolismos y tradición sagrada. Pero enseguida los más jóvenes que van a la escuela ya no hablan la lengua materna, ya no entienden la catequesis y dejan la Iglesia.

Integrarse en la sociedad de acogida con riesgo de perder ciertos elementos de tradiciones culturales o religiosas de su origen.

Tras haber escuchado ampliamente a unos y otros propuse, con la fundación de Equipos del Rosario en Nueva Zelanda, transformar el sufrimiento del exilio en la alegría de transmitir la fe con la riqueza de la liturgia y el tesoro de las oraciones caldeas traducidas. Y pasar de la angustia a la alegría de dar un agradecimiento por la acogida recibida. Y he podido constatar cómo el Evangelio con María, el Rosario en Equipo, renueva la evangelización en Nueva Zelanda.

En otra parte, en África Occidental, tratamos de lanzar los Equipos del Rosario a través de la frontera del vecino Benin. He podido participar en programas de presentación en “Radio María”. Pero tanto en Benin como en Costa de Marfil se cuestiona la movilidad misionera. Los Equipos están a menudo en las grandes ciudades de la costa. Existe la inquietud de ir a las vastas zonas rurales donde se hablan cientos de dialectos y hay que traducirles el folleto mensual y poner cantos conocidos.

Reunirse en las casas para la oración mensual no es encerrarse en sí mismos, sino tomar fuerzas para conocer esos flujos, esos dinamismos migratorios, esas movilidades modernas que permiten extender día a día nuestros Equipos para el bien del País y de la Iglesia. Ejemplo de Isla Mauricio donde los EDR son muy activos y significativos aunque los cristianos son minoría: 25 o 30 % de la población. He encontrado en África del Sur y Australis EDR fundados por cristianos de Mauricio exiliados. Podríamos citar otros muchos ejemplos, los Equipos de Australia, Burkina Faso y África Central.

Todos aportan testimonios de la vitalidad del Movimiento en los cinco continentes.

¿No son en Francia –país de origen– una minoría? No seamos añorantes de un pasado glorioso. Como el puñado de apóstoles, la Iglesia es dinámica en esperanza. Es un signo en medio de la humanidad para que todos los hombres se salven.

Es la intercesión de Santo Domingo. ¡Es Dios quien salva, no nosotros! Pero nos pide ser este signo de fe, esperanza y caridad en medio y para el mundo. “Sois el cuerpo de Cristo”, un cuerpo que no deja de renovar sus “células” por el aliento del Espíritu. La Eucaristía es el alimento que nos da la fuerza de la misión.


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